Las máquinas de calcular al servicio de la investigación científica
Durante los últimos diez años se han realizado grandes progresos en la construcción de máquinas calculadoras. Samuel Pepys. el grand escritor británico del siglo XVIII, se habría sentido feliz de contar con estos aparatos, ya que, como responsable que era de la sección contratos del Almirantazgo inglés, se quejaba de andar tan mal de aritmética que todos los días había de levantarse a las cuatro de la madrugada para repasar sus tablas de multiplicación.
Pero esto sucedía hace trescientos años, y sólo hasta hace muy poco tiempo el desarrollo de la ciencia electrónica ha permitido la construcción de las nuevas y complejas máquinas de calcular, que nos permiten tratar de resolver muchos problemas matemáticos hasta ahora no planteados, porque los cálculos necesarios para ello hubiesen requerido demasiado tiempo y consumido excesivo trabajo por parte del matemático que se atreviera a abordarlos. El mundo moderno presenta tan intrincados aspectos en el orden científico, industrial y administrativo que su estructura se vendría al suelo si no se pudieran llevar a cabo rápidamente los cálculos matemáticos necesarios.
Uno de los más recientes aparatos, con el que se vienen realizando experiencias en Gran Bretaña, es tan rápido que puede suministrar en un minuto la respuesta correcta a un problema que requiriría un mes de trabajo por los medios normales de cálculo matemático; y en un cuarto de hora es capaz de llevar a cabo un cálculo cuyo planteamiento, si fuera humanamente posible hacerlo, exigiría medio millón de hojas de papel de oficio.
Este curioso aparato, conocido por ACE (Automatic Computing Engine, o sea máquina calculadora automática), funciona por medío de vibraciones eléctricas producidas a razón de un millón por segundo, y resuelve todos aquellos cálculos que pueden resolverse por medio de sumas, restas, multiplicaciones y divisiones, de modo que prácticamente su capacidad no tiene límites.
En el aparato, las vibraciones representan la cifra 1 y los lapsos entre ellas el guarismo 0. Todos los cálculos efectuados con estas dos teclas, en lo que se conoce como escala binaria. Cuando se anota una suma en el aparato, sus cifras han de ser primeramente traducidas a esa escala binaria, y clasificadas de acuerdo con ella. El número 2, por ejemplo, pasa a ser "10" en la notación binaria.
Para llevar a cabo largas series de operaciones, la máquina ha de poseer, natural.mente, una "memoria". En determmado momento puede tener que combinar los resultados de una docena de cálculos separados y, como sólo puede efectuar un cálculo a la vez, tendrá que recordar cada uno de estós separadamente. La parte mnemotécnica del aparato es sumamente complicada y depende del recorrido más lento que efectúen las ondas supersónicas en que se convierten las vibraciones eléctricas al pasar por una columna de mercurio.
Se puede almacenar -y extraer en el momento requerido- un millar de vibraciones, que representan otras tantas pulsaciones. Estos gigantescos aparatos de calcular no pueden, por imponente que sea su capacidad de trabajo, funcionar sin que se les dícte lo que deben hacer. No son capaces de hacer preguntas; sólo suministran rápida contestación a las cuestiones planteadas por los seres humanos. Y, además, solo pueden, como ha señalado un experto, realizar todas las operaciones que corresponden "a una labor cerebral de segundo orden ".
La historia del desarrollo de las máquinas de calcular abarca muchos países como, por otra parte, sucede con todas las ramas de la ciencia. En 1642 un francés, Blaise Pascal, fabricó la primera máquina de sumar. Un alemán, el matemático y filósofo Leibnitz, concibió en 1671 la primera máquina de multiplicar. que en 1820 construyó otro francés, Thomas. Doce años más tarde, en 1832, un inglés, Babbage, ideó una máquina universal de cálculo, o sea una máquina que pudiera servir para toda clase de problemas, y un norteamericano, Aiken, 110 años después pudo construir un modelo de ésta.
La creación de un Centro Internacional de Cálculo es cuestión que las Naciones Unidas han estud:ado y debatido extensamente y que forma parte de un proyecto más vasto, el de instalación de una red de centros de investigación internacionales, varios de los cuales, como el Consejo de Investigación de las Zonas Aridas, el Laboratorio dedicado a la fisica para las particulas de alta energía y el mismo Centro Internacional de Cálculo, han sido ya objeto de trabajos preliminares por parte de la Unesco.
Durante la Sexta Reunión de la Conferencia General de la Organización, ésta prestó su conformidad a una serie de recomendaciones sobre la organización y establecimiento de ese Centro Internacional de Cálculo, que habrá de desempeñar las siguientes funciones en los campos de la investigación, la educación y los servicios técnicos:
- Organizar el estudio y la investigación científica de los problemas relacionados con el uso y desarrollo de los aparatos de cálculo mécánico;
- Promover la colaboración entre los institutos de cálculo de todo el mundo. Organizar el adiestramiento y perfeccionamiento de investigadores;
- Establecer y mantener un servicio de asesoramiento para las instituciones científicas y los cientificos;
- y, con este fin, instalar y mantener varios laboratorios equipados con los diversos tipos existentes de máquinas de calcular, a los que se pueda encargar la realización de cálculos numéricos.
Tres naciones-Italia, Holanda y Suiza-se han ofrecido para que se instale en ellos la sede del Centro propuesto. Ese Centro será el primero de los laboratorios de investigación de las Naciones Unidas proyectados para ayudar a mejorar las condiciones de vida de la humanidad.
En la imagen:
¿Un tablero de teléfonos? No, sino uno de los últimos modelos construídos en Francia de máquinas de calcular electrónicas. La ciencia y la industria dependen más cada día de la labor realizada por estos aparatos, que en el lapso de un minuto nos suministran la solución requerida a problemas que hasta hace poco precisaban un mes de cálculo.
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